La historia de mi Volkswagen Karmann Ghia 1958 Lowlight está profundamente unida a la de mi familia, y también a los primeros años de Volkswagen en el Perú.
Mi abuelo fue uno de los fundadores de Volkswagen Perú, en una época en que la marca comenzaba a expandirse por Sudamérica. Entre los socios existía una tradición especial: cada uno regalaba a su esposa un Karmann Ghia.
Así fue como mi abuela se convirtió en parte de esa pequeña comunidad de mujeres que conducían uno de los autos más bellos de su tiempo.
El último que tuvo —y el que permanece en nuestra memoria— era un Karmann Ghia del año 1967 crema con techo negro, elegante y distinguido. En ese auto ella nos llevaba a pasear y siempre lo mantenía impecable.
Inauguración Planta Motor Perú SA: Minister of Hacienda y Comercio Sandro Mariátegui, Presidente de la República Fernando Belaunde Terry, Alcaldesa de Puente Piedra Eva Falcón, Embajador de Alemania Heinrich Northe , mi abuelo Enrique Teuber presidente del directorio, Ministro de Fomento y Obras Públicas Sixto Gutierrez, mi padre Klaus Wieghardt (Director de Logistica)
El Karmann Ghia 1967 Coupe de Elsa y luego de Klaus
Mis abuelos vivían entre Europa y el Perú, aprovechando los veranos de ambos hemisferios. A inicios de los años 80, fallecieron en Alemania, cerrando una etapa muy importante de nuestra historia familiar.
El auto, sin embargo, quedó en Lima. Mi padre lo heredó, lo pintó de amarillo y lo mantuvo en el mismo garaje de mis abuelos. Lo usaba de vez en cuando, más como recuerdo que como transporte diario.
Con el tiempo, nos mudamos a la casa familiar y el Karmann Ghia siguió allí, acompañando el día a día. Mis padres contrataron a Toribio, un chofer que nos llevaba con ese Karmann Ghia a los cuatro hijos al colegio, en una Lima que ya se volvía más grande y caótica. El auto llamaba la atención por donde pasaba; a los curiosos les decíamos que era un Porsche.
Con ese mismo Karmann Ghia aprendí a manejar, y para mí siempre fue más que un coche: era un lazo con mi familia y con la historia misma de Volkswagen en el Perú.
A finales de los 80 me mudé a Europa, pero el Karmann Ghia quedó en Lima, guardado en un departamento familiar. Cada vez que regresaba, era el auto que conducía, ya con brevete propio.
En 2002, mi padre decidió llevar el coche a Miami, donde pasaba parte del año. Allí conoció a varios entusiastas del modelo y lo envió a California para una restauración completa.
Sin embargo, poco después mis padres fallecieron, y el auto quedó varado en California, casi desmantelado.
Muchos años después, un amigo vio un Karmann Ghia en venta en Facebook, anunciado como un modelo de 1961. Al reconocer ciertos detalles, me lo comentó, sabiendo mi historia.
El interés fue inmediato, aunque yo acababa de mudarme a Europa. Pasaron varios meses hasta que regresé a Lima y decidí comprarlo.
Al principio sentí mucha incertidumbre: un auto antiguo, sin saber por dónde empezar ni a quién acudir para restaurarlo. Pero fue justamente ahí donde comenzó esta nueva aventura: la de devolverle la vida a un pedazo de mi historia familiar y continuar el camino que empezó hace más de medio siglo.
Por su diseño y detalles de carrocería, supe desde el primer momento que era un Lowlight, pero ese modelo solo se fabricó entre 1956 y 1959.
Para confirmar mis sospechas, pedí el certificado de producción a la Volkswagen en Alemania, pensando que quizás era de otro año o había llegado más tarde al Perú.
El documento oficial confirmó que se fabricó en febrero de 1958 y fue enviado al Perú en marzo de 1958.
Ese dato cambió todo: era perfectamente posible que este fuera el mismo auto que alguna vez perteneció a mi abuela.
Un tramitador me ayudó a obtener en SUNARP/MTC el historial completo de propietarios y transferencias… y ahí apareció la sorpresa:
el Karmann Ghia había sido propiedad de la esposa del socio de mi abuelo, Ostendorf, cofundador con él de Volkswagen Perú y Pandero.
El círculo se cerraba. Después de décadas, el destino había traído de vuelta al Perú —y a nuestra familia— un Karmann Ghia que desde siempre estuvo, de una forma u otra, unido a nuestras vidas.